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Longitud

La longitud o la historia de una odisea

     Si hemos de destacar uno de los mayores logros de la humanidad en los últimos 500 años, sin duda entre ellos figuraría la fijación de la longitud terrestre a través de relojes de alta precisión.

     Tal y como hemos ido exponiendo en anteriores artículos, la posición de un punto sobre la superficie terrestre viene determinado por 2 dimensiones. La primera, y ya utilizada desde hace miles de años, ha sido la latitud (paralelos), cuya fijación está determinada por las fuerzas de la naturaleza. El Ecuador se fija como paralelo cero deducido de leyes naturales al observar los movimientos de los cuerpos celestes. Cualquier marino puede calcular la latitud mediante la altitud del sol o de estrellas pertenecientes a constelaciones conocidas.

     En cambio la longitud es una medida imaginaria e indica cuán al este o al oeste se encuentra un buque. A diferencia de la latitud no disponemos de referencias naturales para esta dimensión espacial.

     La longitud o meridianos son semicircunferencias trazadas de polo a polo y se disponen en sentido este-oeste. Hay 180 meridianos al Oeste y 180 al Este del meridiano de referencia. En el siglo XIX se estableció internacionalmente como meridiano 0 la línea que pasaba sobre la ciudad de Greenwich. Los meridianos permiten medir la Longitud, que es la distancia que hay entre cualquier punto de la superficie terrestre y el meridiano de Greenwich.

     Durante muchos años para los navegantes el cálculo de la longitud era sinónimo del problema de poder fijar con precisión la hora a bordo del navio. Normalmente se establecía un punto arbitrario de referencia, como era la principal base naval de una flota, y se sincronizaban los relojes de a bordo con el objetivo que cuando el Sol estuviera en su punto más alto, el reloj marcara las doce del mediodía.

     De esta manera, se podía estimar la longitud propia con respecto a la de referencia. Dado que el día tiene 24 horas y un circulo mide 360 grados, un retraso del sol de 2 horas significaría 30 grados de longitud hacia el oeste. Esos grados se correspondería así a una distancia recorrida.

     El gran problema estaba en la determinación exacta de la hora del lugar, para con ese dato poder calcular la longitud. Durante los siglos XVII y XVIII se utilizaban relojes de péndulo para estos menesteres si bien las partes móviles de estos relojes se veían fuertemente afectadas por los balanceos del buque y las condiciones de presión y temperatura que dilataban o contraían sus partes metálicas.

     Comienza así una de las carreras más largas con el objetivo de encontrar un reloj lo suficientemente fiable para medir la longitud. En 1714 el Parlamento inglés estableció un premio especial de 20.000 libras a aquel que diseñara un método para determinar la longitud con menos de medio grado de error en una travesía a las Americas.

     Durante casi 50 años el premio quedó vacante hasta que en 1773 un simple relojero llamado John Harrison se hizo merecedor de tan importante recompensa.

     La élite cientifica de la época se negó durante años a reconocer la labor de Harrison hasta que finalmente no les quedó más remedio que aceptar que el cronometro marino de Harrison era 10 veces más preciso que lo requerido para la obtención del premio. Gracias a este invento Inglaterra pudo dominar los mares durante muchos años.

Autor: Diversas referencias